El secreto de las velas

Los secretos de las velas aromáticas

Si los ingredientes básicos son los mismos (cera, una mecha y un aroma), ¿cómo es posible que haya tanta diferencia de precios entre algunas velas en el mercado? En general se desconoce que la gran mayoría de velas económicas que hay en el mercado son de parafina, un subproducto obtenido a través de la destilación del petróleo. En cambio, la cera natural es un producto natural y, sin duda, una opción mucho más saludable.

El perfume de una vela de calidad es intenso, pero no invasivo. En un artículo de The New York Times, Steven Kurutz utilizaba una analogía muy visual: “Cuando compras una vela barata, el olor a manzana o el que lleve es demasiado fuerte. Es como si estuvieras en el baño de un aeropuerto”.

Las velas de buena calidad se distinguen por los materiales utilizados en su fabricación, cera natural, mecha de algodón, envase de vidrio o porcelana y un muy cuidado packaging que las protege de forma adecuada.

En cuanto al aroma, los fabricantes de velas de calidad suelen utilizar esencias naturales para su fabricación que marcan la diferencia al primer golpe de olfato, en comparación con una vela más barata que el aroma resulta muy artificial.

Las velas de calidad, debemos saber utilizarlas para sacarle todo su rendimiento. Parece fácil, ¿verdad? Una vela llega, se enciende, y esperamos a que su aroma lo inunde todo. Pues no. Hay tiempos, normas y cuidados básicos.

La mecha ha de cortarse después de cada uso. Además, hay un mínimo de tiempo para que esté encendida; si se enciende en golpes de diez minutos, por ejemplo, se empiezan a formar agujeros en torno a la mecha y la vela no se consume de manera uniforme.

Debe dejarse encendida hasta que cree en su superficie una capa completa de cera derretida. Para apagarla debemos evitar soplar la mecha para que no se desplace, es aconsejable apagarla, si la tuviera, con su propia tapa o con un apagavelas.

Otro consejo: por muy bonita que sea la vela y te de pena encenderla, te animamos a encenderla pronto. No debemos dejar pasar más de dos meses desde que la vela entra en casa. La vida es dura: iluminémosla bien. También es corta: no esperemos.

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